Menú del día… Cuerpo en escena Esparcido de Teatralidad

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            Ilustración de Jim Tsinganos

Esta variedad de receta es para cualquier tipo de docente o evento pedagógico en la escuela y fuera de ella. Con esfuerzo, trabajo, dedicación y; poca, muy poca disposición podrá disfrutar de este apetitoso plato pedagógico. De seguro quedará satisfecho con el menú.

Ingredientes

¾ de alegría desbordante

250 cc de gestualidad y práctica diaria

300 gramos de tazas escénicas de manos con rostro

1 kilogramo de kinésica, por preferencia, que sea variada

1 pizca de ralladura de creatividad al ciento por ciento

1/3 de estrategias pedagógicas bien fundamentadas

Preparación

 

              En el día a día del aula, disponer del tercio de estrategias pedagógicas en orden, agregando lentamente la pizca de ralladura de creatividad para que vaya cogiendo sazón y esto le dé  un toque especial al trabajo que se hace con el kilogramo de kinésica. Luego, adicione suavemente los 250 cc de gestualidad, con sumo cuidado claro está, hasta que a través del calor y la entrega al trabajo con sus estudiantes se desborde por doquier. Recuerde que muy próximo a finalizar esta mezcla debes, luego de la práctica diaria, poner los 300 gramos escénicos de manos con rostro, esto le da el toque final para que el cuerpo en escena quede esparcido de teatralidad con una buena puesta en escena.

 

              Esta preparación es especialmente para todo aquel o aquellos docentes que son curiosos y les gusta sumergirse en la degustación de unas buenas estrategias pedagógicas en el aula. Algo más, ¡Hay que recordar que el teatro perfila el cuerpo escénico y le da vida a la clase! El aula es el espacio propicio para la puesta en escena de la gran obra, la clase.

Puntos de encuentro: una realidad educativa

Portada libro

El presente texto se presenta al lector a manera de trazos o huellas que me ha dejado la lectura del libro colectivo: pedagogía y epistemología de la editorial Magisterio de los autores: Zuluaga, Olga; Martinez Boom, Alberto; Quiceno, Humberto; et al. Editado en el año 2003 en Bogotá, D. C.

                 

             Quiero, a partir de los subrayados generales, plantear una mirada para que el lector tenga una aproximación al contenido de este libro. Los trazos están compuestos por dos procesos, el de contrapunto y simple huella dejada así no más, por el estricto sentido natural de la cita. El contrapunto, porque permite un acercamiento de manera crítica a lo dicho en la cita y se busca reflexionar con lo expuesto en esa realidad cognitiva existente. Por su parte, la cita como huella por el solo hecho de su sentido, tiene una oportunidad abierta a manera de incitación al lector a seguir la regla de reflexionar sobre lo planteado en ella. Esto tiene un gran valor de reto para otros, para que con la multiplicidad de miradas puedan dejar su impronta a través de su comentario y, de paso, compartan maneras de pensar sobre los temas que convocan tales citas.

            “en el segundo capítulo de la didáctica magna, indica (Comenio) que la observación del todo debe preceder a las partes, a diferencia del método empírico y analítico, que va de las partes al todo”. El autor desde el siglo XVII parece adelantarse a las nuevas teorías, como la complejidad y la teoría sistémica, muy adelantado para la época. Es interesante ver desde la mirada de commenio, cómo es posible direccionar las maneras de enseñar, poniendo por caso, la lengua. Ya desde entonces hay una mirada de comprensión antes que lo meramente mecánico, esta última forma de enseñanza se evidencia en muchas escuelas de Colombia y, lo que es peor, hay políticas de gobierno implícitas que refuerzan estas maneras de enseñar con modelos prescriptivos.

             “Comenio dice: vamos a construir a manera de roca inmóvil los fundamentos de enseñar y aprender, él quiso dar un fundamento inamovible a su didáctica ”“El mismo autor indica, que los manuales son pensados como una salida para aquel momento en que no había maestros preparados para la enseñanza, estando todo recogido en los manuales, un maestro puede desarrollar su actividad fácilmente, pero nosotros sabemos que tal esquema ha permanecido por mucho tiempo y se ha convertido en una forma de relación del maestro con el conocimiento, forma que ha producido desastres”. A esto se añade que una gran mayoría de docentes utilicen las guías o libros de textos de manera acrítica sin ningún criterio de trabajo pensado para el desarrollo del pensamiento del estudiante, más para mantenerlo ocupado que otra cosa. Esto en razón que es, tal vez, lo más sencillo de hacer, no hay que pensar en que actividades se pueden proponer para los fines que se persiguen. Como lo dice el autor, los manuales están dados para momentos cruciales donde no existían docentes preparados, la pregunta que surge en esta disertación es: ¿aún hay docentes poco preparados, que no dominan su disciplina y lo básico de la didáctica general? Queda un sinsabor, entonces, por lo que está pasando por las escuelas de formación, cuál es el tipo de individuo que están preparando para la sociedad o comunidad educativa. “Tenemos que reconocer la urgencia de formar a corto plazo, maestros de muy alta capacidad investigativa…la formación de maestros debe nutrirse de la investigación”

 

            Herbar señala: “el maestro debe saber tanto de pedagogía como de la ciencia que enseña, así, pues, el maestro debe manejar dos ciencias: la que enseña y la que fundamenta su razón de ser.” Aquí vale enfatizar en lo que Polya manifestaba, creo que fortalece este planteamiento de Herbart. Él señalaba: existen dos reglas para enseñar; la primera, saber lo que va a enseñar y; la segunda, saber un poco más. Ese saber un poco más está asociado al saber de las didácticas; general y específica. Para no decir entonces que los “maestros e instituciones no son actores del avance del conocimiento, son ante todo consumidores, con una relación muy pasiva ante lo que aparece en los manuales de enseñanza”

             Pedagogía es: “la disciplina que conceptualiza, aplica y experimenta los conocimientos referentes a la enseñanza de los saberes específicos, en las diferentes culturas”. “la pedagogía se viene esforzando desde sus orígenes por explicar el mundo de la enseñanza, el aprender y la formación”

           “se puede ser un muy buen investigador únicamente si se está preparado para trabajar con muchas teorías diferentes, y no con un solo punto de vista y experiencia”

              “el movimiento conocido como Escuela Activa o Nueva, plantea la erradicación de las formas tradicionales de enseñar en las que se apoyaba la escuela. Ante una práctica de la enseñanza sustentada en el magiscentrismo, la Escuela Activa propondrá el polo contrario: el paidocentrismo, que condena el ejercicio del discurso por parte del maestro para dar paso a la actividad libre del niño”

Dar de leer: un pasaporte hacia la comprensión y el goce de la lectura

 

                Ilustración de Joey Guidone

Entre más lee uno, mejor lo hace; entre mejor lo hace, más lo disfruta, y  entre más lo disfruta, más lo hace. Entre más lee uno, más aprende y entre más aprende, más amplía la capacidad de comprender (Trelease, 2005, p.33)

 

                  El quehacer docente, a diario, se enfrenta al problema general de la escuela: los estudiantes no les gusta leer. Éste es un sello, una impronta que deja una estela por donde quiera que se respire formación, desde los primeros años de escolaridad hasta, incluso, universitarios. Los profesores de estas instituciones superiores, también, se quejan del poco nivel de lectura de los estudiantes. Es más, el problema toca hasta estudiantes de post grados. Si bien los docentes, de la gran mayoría de las instituciones del país, tienen un conocimiento de dicho problema, el cuestionamiento se dirige a esa cruda realidad, qué están haciendo instituciones y docentes para atraer lectores. De lo anterior, surge el interrogante ¿qué hacer para ayudarlos? Si a estos no les gusta, a los docentes le corresponde, por imperativo, buscar las maneras de acercar la lectura o, incluso, “dar de leer”. Claro está, si consideran y están convencidos que la lectura es transcendental para el desarrollo de las capacidades cognitivas, emocionales, en últimas, es la que da sentido a la vida de los sujetos. Hay que decirlo fuerte, uno de los propósitos de la literatura es, precisamente, darle sentido, o llenar de sentido toda la experiencia de vida de quien lee, de hacerlo más humano.

                 En este texto se quiere, para el lector atento, ofrecer algunas alternativas estratégicas de perfilar la voz, educarla para poder hacer el ejercicio de mostración al dar de leer. Con ello lograr, en la escucha, el goce de algo que se ha tornado un problema de tamaña dimensión y que pasa de boca en boca: a los estudiantes no les gusta leer. Con esto se da la verdadera categoría que tiene la lectura para el desarrollo del individuo. Cassany (1997), señala que la lectura es uno de los aprendizajes más importantes, indiscutidos e indiscutibles, que proporciona la escolarización. Como puede verse, esta afirmación es tan cierto que no puede objetarse, es innegable como principio irrefutable, la lectura es la que permite trascender al ser humano. Por tanto, lo que le corresponde a la escuela es hacer acciones para garantizar el desarrollo de esta habilidad del pensamiento en los estudiantes.

        

                 Así las cosas, la comprensión del lenguaje es un proceso complejo, en este convergen una serie de actividades integradas, de procesos y representaciones que funcionan de muchas formas. Una de ellas asociada a los estímulos verbales o puesta en escena de la voz que son percibidos a través del oído para ser asimilados. El estudiante se va haciendo la película mentalmente mientras el docente lee. El lector en este caso, el docente, debe ensayar procesos combinatorios de estrategias que mantengan al escucha o estudiante emocionado, atento, curioseando siempre e interesado en lo que escucha. Para ello se requiere, por una parte, docentes que sepan poner en escena su voz, una voz educada con la práctica, para que genere cierto goce en el estudiante y; por otra, una planeación y trabajo previo con el texto que se leerá. Ése con el que se va a realizar el ejercicio del “dar de leer”. Es decir, de poner una secuencia narratológica de un autor en voz alta, de darle vida a través de la voz al texto.  

                  No será necesario advertir que al hablar de educar la voz para perfilar, como docentes, unas maneras de dar de leer, de generar o, mejor aún, asegurar en el escucha la atención, la emocionalidad, la curiosidad y el interés, debe prepararse esa caja de herramientas, al igual que saber combinar esos instrumentos musicales que hay en la garganta para que sirvan de mediación y puedan contribuir con el aseguramiento de lectores potenciales en el porvenir. Las anteriores puntualizaciones son, en cierta medida, las que facilitan el despliegue del goce lector hecho placer en el estudiante. Lo decisivo en este asunto de educar la voz es que cualquier docente que quiera forjar el gusto por leer, se encuentra ante una tarea de estudio, de trabajo constante para ir más allá de la mera decodificación. Hay que aprender a leer para otros, es una habilidad de enseñanza que se forja a punta de tallar con dedicación al estudio y la práctica diaria. Y así poder recordar las palabras de Trelease (2005) “la lectura en voz alta es el catalizador para que todo niño quiera leer por sí mismo y suministra los cimientos de la lectura al nutrir su capacidad de escucha. La comprensión oral aparece antes que la lectora” (p. 41). Esto es válido no solo para los niños, sino que de igual forma, para cualquier edad es la sustancia transformadora que brinda un cierto provecho y por tanto, debe estar en todos los años de escolaridad, es, en cierta medida, “un comercial a favor de los placeres de la lectura”.

                Ahora bien, por tal sentido de relevancia es que es de suma prioridad tener un conjunto de estrategias que faciliten al lector docente unas maneras de hacer en el aula. Puesto en otras palabras, una didáctica que este en la línea del saber – hacer, el arte de la mostración. La primera estrategia, lectura entonada con “altos y bajos; agudos y graves”, estás maneras de leer fijan en el escucha la atención. Se logra con el trabajo decidido en lectura dramática. El teatro es un puente de mediación para ir perfilando la voz con cuerpo escénico, hay que ir cogiendo la habilidad de enseñanza, insignare, señalar el camino, mostrar el cómo hacerlo. En tal sentido, al fijar la atención en el estudiante se logra un gran paso para el goce de la lectura. La segunda; “aceleración, desaceleración; lentos, rápidos” son como el tempo en la música, referido éste al movimiento, la velocidad con la que se debe ejecutar una pieza, para el caso de lo que se viene planteando en este texto, la lectura que se está poniendo en escena de la lectura en voz alta. Hay, entonces, mucho por hacer en los compases del acto de lectura,  para con ello confirmar en el que escucha la emoción a través del oído. Dicho lo anterior, se sabe que los estados emocionales altos son el caldo de cultivo de la motivación humana; lo que, sin duda, puede perfilar el porvenir de un lector potencial.

                Como tercera estrategia, están las “pausas y silencios” que garantizan en los estudiantes la curiosidad y se asocia con el goce, término relacionado con la imaginación del individuo. Ese deseo ferviente de querer averiguar más y más, ahonda en el apetito de la indagación, ¡qué sigue profe, qué sigue…! La cuarta, y no por ser la última es la de menos importancia, está asociada con “el valor del énfasis”, la fuerza que el lector pone en la articulación o entonación para destacar algunos apartes que se quieren demarcar. Son esas expresiones, tanto de las tonalidades como del gesto, para subrayar la importancia de un apartado o palabra; es, el énfasis, el pasaporte hacia el interés del que escucha. La realidad, por decirlo así, es que si un docente no prepara su voz, no la educa; muy seguro es que poco, o quizá nada, pueda motivar el goce del estudiante por la lectura.   Ábrase, por ejemplo, el tema de cómo provocar en el escucha la atención, la emocionalidad, la curiosidad y el interés. Al respecto, Vásquez, enfatiza en que la combinación de las cuatro estrategias antes señaladas son potentes mediaciones que ofrecen modelos de vida para imitar.  Las anteriores estrategias, si se vuelven sistemáticas, generan ciertos vínculos con el estudiante y así se transmite una pasión. Parafraseando a Borges: no se enseña literatura, lo que quizá se puede enseñar es una pasión por la literatura.

                 Como puede verse, el texto en su conjunto aspira a resaltar las maneras de expresión como puentes, “mediaciones para relacionar lo interno con la exterioridad, la intimidad con lo público (Trelease, 2005, p. 17). Dar de leer está vinculado con esa pasión que un lector formado quiere transmitir a otros, iniciados, para que sigan esa senda del leer. La estrategia sirve como esa bisagra que le permite el movimiento, la apertura a nuevas emociones, sentimientos; en definitiva, al goce del leer. Para tal efecto, hay que tallar, forjar con los mejores materiales esa caja musical de resonancia para que coja forma, cuerpo y así, pueda ser el vehículo de transformación. Dicho en palabras más precisas, se trata de adquirir, con el trabajo constante, una voz que cautive y tenga cuerpo escénico a la hora de dar de leer.

                 Finalmente, la voz como mediación está en el plano de lo intencional de ese texto que se va a leer. El texto, entonces, es el medio que posibilita la construcción del sentido de la escucha, mediado por el lector modelo. Al leer en voz alta con una puesta en escena de la voz agradable se está enviando al cerebro de quien escucha un mensaje placentero, “se envía un comercial” para favorecer el camino lector. No sobra recordar que como señala Trelease (2005) “pocos niños aprenden a amar los libros por sí solos. Alguien tiene que coquetearles para  que entren al maravilloso mundo de la palabra escrita, alguien tiene que mostrarles el camino” (p. 111). Un camino que tiene mil bifurcaciones hacia la comprensión, hacia las probalidades de la trascendencia como sujeto porque como el epígrafe, entre más lee uno, más aprende y entre más aprende, más amplía la capacidad de comprender.

Referencias

Cassany, D., Luna, M., & Sanz, G. (1997). Enseñar Lengua. Barcelona: Graó.

Trelease, J. (2005). Manual de la Lectura en Voz Alta. Bogotá D., C.: Fundalectura.

Vásquez, F. (2005). Rostros y Máscaras de la comunicación. Bogotá D., C.: Kimpres.

Vásquez, F. (2008). La Enseña Literaria: crítica y didáctica de la literatura. Bogota: Mancha de Voces.

 

Carta a mis estudiantes Normalistas

          Ilustración del pintor Vladimir Kush

     

             Muy buenos días queridos estudiantes, los llamo así porque prefiero verlos de esta manera y no como alumnos, eso ustedes lo comprenderán, algunos ya lo saben; además, personalmente me sigo considerando un estudiante, tal vez, no dejaré de serlo.

            En esta mañana radiante y esplendorosa por cierto. Quiero compartir con todos ustedes unas cuantas palabras escritas que sirvan para celebrar el estar hoy aquí compartiendo este nuevo año de aprendizajes. En estos días de meditación y celebración por el comienzo de una nueva experiencia, recordé una parábola que mi tía, muy querida ella, me contaba cuando solo era un chiquillo y quizá sea lo que hoy me tenga en estas instancias. De seguro, mijo- me decía. Hace mucho tiempo, un rey muy poderoso colocó una gran roca obstaculizando un camino. Él lo hacía para para ver si alguien quitaba la tremenda piedra. Mucha gente pasó por este lugar, pero simplemente daban una vuelta y vociferaban execraciones hacia el rey, lo culpaban por no hacer nada al respecto. Sin embargo no intentaban moverla.

                Cierto día, un campesino, muy anciano, al aproximarse a la roca, puso su carga en el suelo y trató de mover la piedra, se le dificultó, pero al fin lo logró. Al mover la enorme piedra notó que en el suelo había unas monedas de oro y una nota del rey, este es el premio para quien se atreva a mover la roca. De eso es lo que quiero hablarles hoy un poco, ustedes estudiantes, pueden ser cada uno de esos indiferentes que miran la roca, dan la vuelta y se van quejándose y maldiciendo por los obstáculos encontrados o; por el contrario, pueden ser el anciano que con su tenacidad, perseverancia y firmeza puede empezar a cambiar o transformar su vida y la de otros.

                Así que, amparado en nuestro vínculo que se teje, desde este preciso momento y se irá construyendo y reconstruyendo a lo largo del año o de los años, he sentido la confianza suficiente para, con el placer y la pasión que me mueve, atreverme a enunciar estas palabras. Son ustedes caminantes de la educación y la transformación ya no errantes, si no seres sensatos y prudentes para retomar el viaje, viaje de las acciones no solo de palabras. Acta non verba, acciones no palabras. Entonces, les digo que aunque ya estén en las postrimerías de la graduación y otros empiezan un nuevo viaje; ser docentes, un compromiso de alto quilate. Para los estudiantes del grado undécimo, aunque ya estén casi listos para graduarse quiero signar, con buena talla, estas grafías para que sigan ese camino avizorado por cada uno y que han venido gestando con el paso de los años. El camino y los sueños no terminan aquí; por el contrario, es el final de un comienzo. Así las cosas, para quienes hoy emprenden la senda de esta bella profesión, esos que mudan todas sus energías a este ideal lleno de tropiezos, aventuras, incertidumbres, tristezas, alegrías, engaños, desengaños y mucha felicidad; pareciera que todo esto es lo que hace que tenga verdaderamente sentido para adquirir otra piel, otra figura, otra forma de comportarse y de estar ahí en el mundo.

                En consecuencia, el lema es acciones y palabras que vayan acompañadas con reflexión profunda de lo que hoy somos. Hoy se da inicio a la gran obra de renovación, les corresponde a ustedes seguir el legado, el cultivar esa semilla que han sembrado y sembrarán quienes han ayudado y seguirán ayudando a forjar la transformación de sus vidas: familiares, docentes, profesores y allegados. No obstante, sean implacables con quienes quieren estropear sus sueños, sus ilusiones; con quienes no aporten para tu viaje, quienes a gritos le dicen que abandones las ansias de hacer de su vida algo extraordinario. Lo mejor, entonces, es entender que como decía el poeta Whitman: “no dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. Toma ese poder para enaltecer el  carácter y la personalidad.

                A propósito, todo en la vida comienza con un sueño, con la esperanza de crear un mundo mejor, esto es lo que permite transformar. Es un desafío para ustedes atravesar el umbral de lo cotidiano y franquear todas las barreras, los obstáculos como lo manifestaba al comienzo de estas líneas. Es ser ancianos y vencer todas las imposibilidades. Hoy ustedes, queridos estudiantes, tienen el compromiso ético de hacer el cambio, de hacer que se promuevan circunstancias para transformar las realidades de formación, por un lado y; humanas del país, por otro lado.

                Deseo cerrar esta carta reiterándoles unas palabras del empresario japonés Konosuke Matsushita: “hay momentos en la vida del ser humano en los cuales su audacia es todo o nada”. Es decir, atreverse a correr riesgos, mantener la valentía   y el atrevimiento para la toma de decisiones en la vida. Tengo confianza en que ahora mismo están tomando decisiones para empezar a transformar  sus vidas y la de otros. Están tomando decisiones, mientras escuchan estas grafías salidas de mi puño y letra, para seguir, con pasión, vendiendo sueños a otros que aspiran y esperan  mucho de cada uno de ustedes. Yo estoy seguro que pondrán lo mejor de su inteligencia y su sensibilidad para hacer de este nuevo año un amanecer  y poder borrar el lastre en el que están sumidos muchos de los jóvenes de Colombia. Hoy con la mano en el corazón y la razón, les auguro procesos y resultados óptimos en cada propósito que se embarquen. Finalmente, cierro mis palabras con una cita de Cicerón: “como un campo, aunque sea fértil, necesita cultivarse para que dé frutos, así le sucede a nuestro espíritu con el estudio”. Los invito a que sigan cultivando sueños y transformaciones, desde la acción y que los valores y virtudes de cada uno de ustedes sean el soplo favorable que oriente el sentido de los proyectos.

 Buen viento y buena mar, estimados estudiantes.

La natividad una oportunidad de renovación del ser

Ilustración del pintor Inglés Istvan Orosz

              La natividad o nacimiento es una oportunidad, quizá ineludible, por natura, para la transformación del ser humano. Entendido el nacimiento como un resurgir, un estar presente en un espacio tiempo vinculado con otros que potencian, que dan vida a la existencia misma. Es decir, que lo otro u otros favorecen que ese nacer o renacer sea en mayor o menor sentido trascendental o; por el contrario, sea vacuo y transgreda la perpetuidad de la misma existencia del sujeto que nace y se esfuerza para no morir sin haber dejado, antes que todo,  un sello de identidad para las generaciones venideras.

             Como puede verse en la tesis que acompaña esta reflexión los cambios y transformaciones de los sujetos deben estar, por obligación per se, vinculados con la trascendencia. Que ese renacer o nacimiento de estas festividades esté en el lado de dejar huellas, mojones que les sirvan de brújula para quienes son los sucesores en la vida, esos individuos que están en plena florescencia, los jóvenes del presente. Así las cosas, toda dificultad con la trascendencia de la vida puede, o bien a una comprensión más plena y profunda de lo que hacemos, en qué consiste  el paso de los años o convertirse, por el contrario, en un impedimento para alcanzar la felicidad en la vida transitada. Solo depende del sujeto o individuo de cómo quiere enfrentarse ante los avatares de la vida.

             En estas festividades de cambio y transformación han de servir para hacer un alto en el camino y fijar la mirada en lo vital de la vida, la búsqueda incesante de felicidad. Esta actitud debe ser el revitalizador de cualquier acción o aspiración que se quiera adelantar en un presente proyectado al porvenir. La felicidad, como bienaventuranza, prosperidad o algo favorable, se considera el motor, el caldo de cultivo para la mudanza en la vida. Esto en relación a que es más interesante trasladarse por la vida cuando se vive intensamente cada segundo de la existencia al lado de los seres queridos y no tan queridos. Es una manera de acomodación a las circunstancias que nos corresponde vivir en mundos cambiantes.

              Precisar que es el momento oportuno, en las postrimerías  de un año que ha dejado un vestigio, para dedicar  un tiempo a la reflexión sobre los compromisos asumidos en materia de trasformación intelectual, de hábitos saludables para ese músculo que es el cerebro en y sobre el conocimiento que se quiere construir. Interiorizar desde la comprensión, cuánto de esos compromisos con la lectura, la escritura y la investigación se han asumido con responsabilidad académica como gestores de formación. Cuestionarse qué tanta de esa “experiencia” ha moldeado las maneras de ser y de hacer con ella. Las anteriores puntualizaciones deben ser la prioridad en momentos de meditación cuando se busca una renovación de lo que se es y lo que se quiere ser.

Imagen relacionada

Lienzo en óleo del pintor Mexicano Lozano, Diego.

             No sobra decir, también,  que un compromiso serio sobre estos tres grandes proyectos  en una vida intelectual y de academia hace que valga la pena nacer de nuevo, prefijar de manera reflexiva desde lo que se hizo y se dejó de hacer para avisorar nuevas alternativas. En últimas, de eso se trata la navidad y las festividades de año nuevo, una nueva mirada a lo que se está por terminar y una proyección sólida para los pasos, aún no andados, pasos por recorrer; esos propósitos venideros que moldearan, de seguro, el carácter de todo individuo que se comprometa con la trascendencia.

            Vista así las cosas, culminar un año debe servir como mediación para la reflexión y autorreflexión de eso que hemos forjado en el interior de cada uno. Debe servir, además, en términos de la escultura, preparar el mármol y el cincel, materia prima de un escultor. Propósito de un año que comienza, arrancar dando multiplicidad de formas a esa materia prima que está a la espera de ser transformada en una obra de arte, así le debe suceder a nuestro espíritu, forjar a punta de tenacidad un nuevo ser con todo lo que ya es, su tradición.

               No sobra recordar que es fortuna de un individuo comprometido con la trascendencia convertir toda una “experiencia” en fortalezas que den el soporte y la bravura para seguir luchando. Anise Koltz, poetisa Luxemburguesa, deja entrever en sus versos algo similar para no desfallecer en el intento. Dice la autora, “con las piedras arrojadas contra mí he construido los muros de mi casa”. Este debe ser el impulso  para no sucumbir en el largo  recorrido de la vida. A diario se encuentran en el camino obstáculos que, para algunos, son la perdición de sus sueños; para otros, son lumbre que da luz y vida para continuar los ideales propuestos.

              De todo lo dicho hasta aquí, queda claro que la reflexión y la autorreflexión en estos instantes de festividades finales, de un año que se va y da luces para el que vendrá, debe convertirse en un diálogo infinito consigo mismo, con el otro y con lo otro, incluso con los silencios; ellos son rituales que generan cierto vínculo con el yo interior que luego se manifiesta en nuevas metas, dejando unas pisadas por dónde recorrer el sendero de la vida. Porque la realidad, por difícil que sea, puede ser transformada, solo depende de cada sujeto, de sus ganas de seguir en la lucha por un mundo más vividero, más humano.

Loa a un maestro

Foto: encuentro de egresados El Yopal Casanare con el Dr. Vásquez

 

               Un reconocimiento al maestro, ahora Doctor honoris causa. Él, un nadador incansable en las aguas del quehacer docente, de ser un hito para quienes – por hechizo de su sabiduría- se han dejado abrazar por el vínculo apasionado de la pedagogía. Ciencia, en construcción por supuesto, en la que confluyen un sinnúmero de problemas relacionados con la enseñanza y el aprendizaje y que, de forma precisa y fluida, se aproxima con tacto de orfebre, con sus reflexiones críticas y pistas para un mejor hacer de la profesión docente.

              La pedagogía, con sus problemas acerca del enseñar y sobre todo, de qué vale la pena enseñar en tiempos de cambios repentinos y el auge de la información masiva dominante; al  igual que cómo aprende el estudiante son, en términos cotidianos del pugilismo, una lucha libre abierta a cualquiera que quiera hacer parte de este territorio formativo social y político. Es a este campo que más ha dedicado su atención el Dr. Vásquez, que con sus conocimientos, pero más con su “experiencia”, en el sentido como lo plantea Larrosa, la que lo ha transformado, lo que le ha pasado en su devenir profesional. Experiencia que lo ha llevado a “ser lo que es”. Una respuesta fehaciente, un ejemplo vivo a la cuestión que tanto se aferró Nietzsche; Cómo se llega ser lo que se es.

               El Dr. Vásquez es un mapa con múltiples rutas y senderos, es una representación de un territorio andado, que brinda un multiperspectivismo a la hora de guiar a quienes se aproximan a beber de las aguas de su sabiduría. Es la praxis de su experiencia, que durante muchas décadas a sabido cultivar y hoy cosecha sus mejores frutos porque “el saber de la experiencia enseña a “vivir humanamente” y a conseguir la “excelencia” en todos los ámbitos de la vida humana: en el intelectual, en el moral, en el político, en el estético…” (Larrosa, 2013, p. 35). Desde esta atalaya es que, siempre, su bandera flamea; desde sus ansias de la transformación del quehacer docente, de esa profesión  digna y dignificadora, él es custodio de convicción.      

Conquistar la propia identidad lectora, uno y mil viajes

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                         Ilustración de Joey Guidone

              A manera de escolio es importante hacer un recorrido por el título del libro, La experiencia de la lectura, del autor Jorge Larrosa. Un primer detalle, está en el plano de la etimología. Leer viene de la palabra latina “legere” que a su vez tiene la raíz indoeuropea “leg” asociada con el significado de escoger. Así las cosas, la lectura como se enuncia en el título del libro puede estar incorporada a dos perspectivas; la primera, desde el significado literal latino “lo que se va a leer”, esa experiencia de viaje en búsqueda de las aventuras del leer. La otra, inscrita al significado que en la modernidad se ha hecho viral, “el hecho de leer”. Como puede entenderse este último, está más del lado de lo mecánico, de la acción, del ejercicio de buscar el significado en el recorrido. Lo contrario sucede con el primero, “lo que se va a leer”, tiene una profundidad mayor porque implica todo un proceso tanto interior como exterior del sujeto. Este significado cobra vida en el plano de la aventura, del viaje, de la incertidumbre, de ir siempre tras la caza de los significados, así sea la misma lectura seleccionada, para hacer énfasis en el origen latino de la palabra, “escoger”.

              Considerado así el asunto, el segundo detalle, se puede vincular con el hecho de pensar que la lectura, como sujeto, cobra vida propia para darse a la tarea de vivir su propia experiencia, ese viaje que la transforma, la hace ser trascendente y, por defecto, transforma a quien mora en ella. Ya puestas estas consideraciones, aunque ligeras,  es una manera variada de mostrar, de alguna manera, perspectivas de lecturas realizadas por un lector, es un ejercicio interesante dentro de un abanico de experiencias propias del viaje lector y, al mismo tiempo, evidencia también lo importante que son esos subrayados porque, de una u otra manera, constituyen marcas de escritura de quien lee, al hacer los comentarios o escolios a esa citas o marcas de lectura. En tal sentido, la insinuación sobre estas minucias aparentes tiene como base la seguridad de ofrecer tentativas para quienes curiosean en estas lecturas, puedan tener referentes serios de auscultar, de agudizar los sentidos ante la lectura propuesta y, porque no decir abiertamente, en las maneras sobreentendidas de ejercitar la escritura.

             

              A continuación un dialogo de incitación  a realizar el recorrido por los subrayados y notas de dichos fragmentos seleccionados del libro en mención.

John: ¿cómo te pareció el título y los párrafos introductorios del texto arriba mencionado?

Juan: Interesante, pero de verdad, me dan ganas de mirar cuáles son esos subrayados. El porqué, el autor dice que quiere mostrar esas huellas de lectura. Espero que valgan la pena.

John: Por lo que veo es un llamado de cómo,  cualquier principiante, puede habitar la lectura, además, de tener una ruta para iniciar los procesos de escritura. Eso es lo que deja sobreentendido sobre lo que se plantea de entrada.

Juan: Entonces, que no se diga más. Miremos a ver qué muestra en sus subrayados y apostillas que realiza. Luego decidiré si exploro lo que este autor dice.

John: bueno, vamos, pues, a realizar ese viaje que propone.

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“los libros tienen el valor que el lector les dé en el momento de la lectura, antes y después. […]leer aquí quiere decir también escribir, comentar, comparar, extraviarse, derivar de un libro a otro, de un párrafo a otro, de una palabra a un rostro, una ventana o al sueño”(Goldin,2013, citado en Larrosa, 2013, p.9.) Vinculado con lo anterior, se puede mencionar que los libros permanecen sin vida, muertos hasta que un lector les brinde la posibilidad de dar el esplendor de habitar, en menor o mayor proporción, la esencia de ese lector furtivo o no que lo cuestiona, que lo exprime; lo lleva hasta las últimas instancias, lo acorrala y, desde esta situación, proporciona un variopinto atesoramiento de sentidos que invaden las fisuras de la conciencia y el pensar de quien lee.  

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“Estudiando, tratas de aprender a leer lo que aún no sabes leer. Y tratas de aprender a escribir lo que aún no sabes escribir. Pero eso será, quizá, más tarde. Ahora lees sin saber leer y escribes sin saber escribir. Ahora estás estudiando” (Larrosa, 2013, p.13). Visto así las cosas, el estudio como ese querer algo que necesitas para el crecimiento, para ese despliegue como sujeto que pertenece a una sociedad. Tal hecho, hace que recorra caminos sinuosos, intrincados, llenos de fronteras que, regularmente para muchos, impelan a la catástrofe existencial del ser, el no querer aprender. El estudio es saberse con la necesidad de algo que sólo se satisface a través del hacer el recorrido del leer y el escribir. Así lo enfatiza Larrosa (2013) cuando afirma: “Casi todo lo que sabes lo has aprendido de las palabras y en las palabras. Casi todo lo que eres lo eres por ellas. Escribir y leer es explorar todo lo que se puede hacer  con las palabras y todo lo que las palabras pueden hacer contigo. En el estudio todo es cuestión de palabras.”(p. 17).

En este sentido, sumergirse, aún sin saber bucear bien, en la lectura, en lo que dicen las palabras cuando convergen con el lector y cobran vida, tienen el sentido mayor, la formación del sujeto, la bildung. La lectura  en definitiva es la que lleva al sujeto a darse una respuesta al cuestionamiento planteado por Nietzsche en el subtítulo del Ecce Hommo: cómo se llega a ser lo que se es.

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“Sabemos muchas cosas, pero nosotros mismos no cambiamos con lo que sabemos. Esto sería una relación con el conocimiento que no es experiencia puesto que no se resuelve en la formación o la trans-formación de lo que somos. [Y continúa]…Tenemos el conocimiento, pero como algo exterior a nosotros, como un útil o una mercancía. Consumimos arte, pero el arte que consumimos nos atraviesa sin dejar ninguna huella en nosotros” (Larrosa, 2013, p.29). La experiencia, asegurada de un lector, debe garantizar, además del conocimiento, una trans-formación total del sujeto que lee y, no está demás decir, del que escribe. Todo ello puesto que, “El saber de experiencia enseña a vivir humanamente y a conseguir la excelencia en todos los ámbitos de la vida humana; en el intelectual, en el moral, en el político, en el estético, etcétera.”(Larrosa, 2013, p.35)

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Es destacable luego dentro del texto el cómo se simboliza la función del profesor y del maestro. Se enfatiza, en que el propósito de éste es mantener encendida la llama de la formación tanto de sí mismo como del otro, el educando. Por esto justamente,  Heidegger dice: “enseñar es aún más difícil que aprender. (…) No porque el maestro deba poseer un mayor caudal de conocimientos y tenerlos siempre a disposición. El enseñar es más difícil que aprender porque enseñar significa: dejar aprender”. (Larrosa, 2013, p.45).

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La experiencia de lectura, desde la mirada de Jorge Larrosa, es explicada a través de tres metáforas maravillosas que le dan un semblante universal y categórico. La lectura, como el fármaco, el viaje o la traducción, es algo que forma o transforma al lector. “la lectura es algo peligroso: el fármaco puede ser remedio o veneno; el viaje puede ser útil pero también puede hacer que el viajero se descarríe y se extravíe; y la traducción puede hacer estallar la estabilidad de la propia lengua. La experiencia de la lectura es múltiple: el fármaco actúa de modo distinto en personas distintas; cada viajero hace un viaje distinto; cada traducción produce un nuevo sentido en lo traducido”. (Larrosa, 2013, p. 47)

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Hilvanar un texto, experiencia de zurcido de ideas

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Ilustración Lorenzo Perrone

                   Es grato presentar, aunque sea de manera breve, este texto producto de una estrategia de escritura implementada en el aula de clase como posibilidad de construir  tejido textual. Allí se pone de manifiesto la habilidad de pensamiento, al ir zurciendo las ideas extraídas, a manera de conclusiones, de las sustentaciones de obras literarias leídas por estudiantes de grado décimo. La estrategia de escritura de ideas conclusivas tiene su razón de ser: fortalecer el proceso superior del pensamiento, la escritura; como esa puesta en escena de las ideas en el plano de la superficie. En tal sentido, se presenta todo el proceso seguido en el aula, un paso a paso, para que el estudiante y, cualquiera que quiera ejercitar este proceso, tenga un referente y así, pueda enfrentarse  al temor de la hoja en blanco.

                   Es todavía creíble que la escritura es un dispositivo potente para la manumisión del sujeto o los sujetos que  habitan en ella. La escritura como el todo complejo libera de las ataduras y subordinación social, política, económica y, por supuesto, de ideologías dogmáticas religiosas. Esta habilidad de pensamiento construye buenos lectores. Como señala Zuleta, en su texto sobre la lectura, (1982, p. 12) “solo el que escribe realmente lee”, igualmente Freire, en cartas a quien pretende enseñar, (2008, p.63) lo confirma con la tesis enunciada “No es posible leer sin escribir, ni escribir sin leer”. De lo anterior se desprende que la escritura es una perspectiva, una razón fuerza para aproximarse a una lectura crítica. Porque, necesariamente, se debe leer el mundo desde alguna parte, bajo muchas miradas y así poder ir construyendo el sentido del problema que suscitó el haberse embarcado en las lides de una lectura determinada.

                   Así las cosas, el propósito de este texto es irritar, en el sentido de la excitación vivamente de sentimientos a seguir reflexionando sobre estos procesos de pensamiento que son la lectura y la escritura, como procesos inseparables, que no se pueden dicotomizar en la enseñanza. En suma, es estimular a los lectores del blog, a rumiar sobre estos procesos, en primera instancia y, por supuesto, mostrar una manera de ejercitarse en esta habilidad del pensamiento. El texto ofrece a los estudiantes curiosos, esos iniciados, neófitos en la escritura, beneficios, ya que aprenden el cómo hilvanar ideas en un todo con coherencia, adecuación y cohesión. Además, una estrategia para ejercitar, diariamente, la escritura. Para estar en el plano de la frase latina de Plinio el Viejo: “nulla dies sine linea”, No dejar sin leer y escribir por lo menos una línea diaria, así se va construyendo la escritura y los buenos escritores.

                 Sin más preámbulos, a continuación se muestra el paso a paso del ejercicio. Se organizan los estudiantes en cuatro grupos, en cada uno hay un expositor que va a compartir la obra literaria leída, bajo unos parámetros establecidos por el docente y trabajados anterior al compartir. Luego de diez minutos de la socialización el grupo de estudiantes rota, va a otra exposición, así, hasta cumplir con el recorrido de los cuatro expositores. En cada una de los compartires cada estudiante, al final, saca una idea a manera de conclusión del libro compartido. 

                  Ya al tener las cuatro o cinco conclusiones, según sea la cantidad de exposiciones realizadas por sus compañeros, las leen nuevamente y las numeran según el orden de importancia (como aparece abajo en el ejemplo). A continuación, la conclusión o idea número uno será el tema central que articulará las otras conclusiones, las demás estarán subordinadas a la primera. (Ver el ejemplo en la parte de abajo)

Ejemplo:

  • Los pensamientos de las personas paralizan o son detonantes según sea el caso, sirven como fracaso o como catapultas para la búsqueda del éxito. (3)
  • No siempre es viable decir que el niño nace bueno y la sociedad lo corrompe, existe cierta perversidad en la inocencia. (5)
  • Hay que aprende a vivir por sí mismo, solo así encontrará la razón de la existencia. (4)
  • El miedo es un sentimiento que doblega a las personas a vivir una vida sin trascendencia. (1)
  • Aprender a vivir el presente y que ocurra lo que tenga que ocurrir, en eso consiste la vida. (2)

 

                  Para seguir con el proceso del paso a paso se muestra el texto, producto de la estrategia, el cual  tiene las ideas subrayadas para que sea más clara la visibilización del proceso a seguir por el lector o estudiante. El lector puede ver, claramente, que el tema expuesto en la primera conclusión es el miedo y sobre este tema recae la subordinación de las otras frases o conclusiones, bajo la lupa de este tema se va fraguando la complejidad construida de la totalidad del texto.

Escritura del texto, hacer el tejido temático

 

                   El miedo ese sentimiento paralizante que sujeta a las personas, inmoviliza a alguien o a algo de tal manera que no deja ni siquiera un intersticio por donde se pueda mover para ser lo que quiere ser. Es decir, el miedo es el sentimiento que doblega, que somete y perturba a las personas a vivir una vida sin trascendencia. Una vida que no tiene sentido vivirla de ese modo, porque estar atado a algo que no se quiere y que inmoviliza para cumplir los sueños no tiene significancia seguir ahí. Este sentimiento es un yugo que somete a los sujetos, los doblega, los encadena a la perdición. Es el temor de dar un paso, de salir a la aventura de la vida a curiosear, a perseguir el futuro o, en su defecto, el porvenir. En ese sentido, lo que hay que hacer es lo contrario, arriesgarse, aprender a vivir el presente y que ocurra lo que tenga que ocurrir, en eso consiste la vida. En dejar atrás todos aquellos sentimientos que bloquean los proyectos de la misma existencia del ser humano y, desde luego, permitir el abandono al conformismo, estar en la línea de la incertidumbre, así se tenga que volver a empezar, iniciar de nuevo. En tal caso, es potente saber las maneras de pensar del individuo,  porque los pensamientos de las personas paralizan o son detonantes según sea el caso, sirven como fracaso o como catapultas para la búsqueda del éxito. Como puede verse,  en eso consiste que un sujeto sea o no, triunfador en la vida.

                    Así las cosas, todo en la vida, los triunfos o fracasos de lo humano dependen de los sujetos, es responsabilidad individual forjar caminos desde su interioridad para que en un futuro, no muy lejano, se vaya gestando lo que se quiere. Se podría decir, entonces,  que hay que aprende a vivir por sí mismo, solo así se encontrará la razón de la existencia, del por qué y para qué se está en este mundo y de cómo se puede hacer más vivible con el otro y con lo otro, incluso, consigo mismo. Porque es claro decir, pues,  que los seres nacen con un equipaje genético que se va desplegando en la sociedad que le correspondió vivir, pero que no por ello, está sometido a replicar lo de sus ancestros, cada uno le corresponde vivir su propia experiencia de vida.

                    Vale la pena subrayar, que si cada individuo vive su propia experiencia no siempre es viable decir que el niño nace bueno y la sociedad lo corrompe, existe cierta perversidad en la inocencia. Aunque, todo depende de las polifonías de los textos y narrativas vividas y experimentadas por cada uno. Porque, lo que sí está claro,  es que en esencia la vida de todo ser humano se va construyendo con lo que trae y lo que le proporciona el medio en el cual se desenvuelve, en el que habita. En este sentido, si el sujeto está lleno de ambientes paralizantes, por ejemplo personas con sentimiento de miedo, eso es lo que va a cosechar, esa es la semilla que arrojaron sobre su campo. Contrario sería, si en ese campo del ser sujeto, regaron semillas y fertilizantes de aventura, de amor a lo desconocido, de   estar siempre en el umbral de la incertidumbre, de estar cuestionándose a todo momento, la cosecha será abundante y rica en conocimientos, en reconocer sus fortalezas, pero, también, sus oportunidades de mejorar como sujeto social que comparte con otros y que tiene una naturaleza, desplegada a su disposición,  que le ofrece el verdadero sentido de la vida. 

                   Precisamente, aunque desde otro punto de vista, el miedo es la sensación heredada por una cultura que, en algunos momentos de la historia, sujetos del poder han utilizado como punta de lanza, como ese estilete hiriente para el sometimiento y la subyugación del más débil; bien sea político, económico, ideológico y, porque no decir, religioso.

Referencias

Freire, P. (2008). Cartas a quien pretende enseñar. Buenos Aires Argentina: Siglo XXI.
Zuleta, E. (08 de Junio de 1982). Sobre la lectura. Medellín, Antioquia, Colombia.

 

Oralidad, una oportunidad de Formación en la Escuela

Ilustración de Bondarowicz, Marcin

             El trabajo sistemático y  procesual de la oralidad con el objeto de transformación en el sujeto es hacer que eso que se quiere comunicar tenga un cimiento capaz de vivificar la vida misma de quien se sumerge  frente al otro y  lo otro. Son maneras diversas de hacer de la oralidad del neófito una trans – formación de la vida, de despertar un poder saber, sentir y hacer con el instrumento de la palabra hecha mundo.

            En este sentido, el asumir la oralidad en la Escuela con responsabilidad y trabajo, es dignificar lo humano, el ritmo connatural del ser mismo, pero que necesita perfilarse, fraguarse convencionalmente. Algunas veces se cree que como los estudiantes ya saben hablar desde lo familiar, la casa y el contexto cercano, se descuida el trabajo serio, convencional y diverso de ese frente a frente con otros para discutir, confrontar o, simplemente, para desplegar unas formas del pensar vinculado con la experiencia vivida.

La escritura destilación del pensamiento

Ilustración del Italiano Joey Guidone

 

               La escritura cumple la función de horadar en las profundidades del pensamiento tras la búsqueda del tesoro de muchas lecturas decantadas. Es esa manumisión del pensar sistemático luego de un arduo proceso de destilación de ideas que se han venido acrisolando durante un tiempo prolongado de recorrer mundos intrincados de palabras expuestas por otros. Esos que en algún momento hicieron el mismo recorrido para poder poner en el plano de la mostración sus formas de pensar las realidades, sus realidades. Escribir es ese arduo trabajo de desenterrar, de ir a la raíz del conocimiento, ese que se fragua luego de mucho ejercicio donde se van hilvanando idea tras idea mundos posibles hasta dar vida a un texto. Siguiendo de cerca las ideas de Dewey sobre el pensar entendido como “inquirir, investigar, inspeccionar, ensayar algo o sumergirse en ello con el fin de encontrar algo nuevo o ver lo ya conocido bajo una luz diferente” (p.223). Así se va construyendo la escritura; primero, en la idea, en el pensamiento y, ya luego, puesto en manchas de tinta en el papel en blanco.

             Enfrentar la página en blanco y salir glorioso en el intento de construir mundos posibles con lenguaje, se puede lograr, claro está, a punta de “fuerza de trabajo y nervio intelectual”, más aún, si se entiende que escribir es un proceso que nunca se acaba de aprender, no se termina de escribir jamás. En todo caso, si se convierte la escritura en un hábito bajo recomendaciones de los buenos escritores y la manía de escuchar la voz de la tradición de otros, el legado para el presente y el futuro de lectores y escritores será eximio. Esto equivale a decir que el vestigio de herramientas, técnicas y estrategias que han dejado otros para quienes quieren seguir las huellas y, poder así, enfrentarse al temor de la página en blanco es vigoroso. Ejemplo claro de ello como lo señala Vásquez (2008) “entre más conozcamos cómo otros ha desenredado esta nueva tela de Penélope que es la escritura” (p. 11), más habilidades y destrezas se van gestando con el tiempo, agregado el sudor y el ejercicio constante del pensar. Por lo tanto, un indicador para formarse como escritor es estar abierto a las recomendaciones de expertos en cuanto a este complejo proceso. Al respecto Pizarnik enfatiza “no debiera pasar un día sin escribir a lo mejor dos horas. Sin leer otras tantas” (Citado en Vásquez, 2008,  P.11). Todo ello se conjuga en la frase latina de Plinio el viejo “nulla dies sine línea” que deja claramente indicada la trascendencia que tiene escribir y leer, por lo menos una línea diaria. Puesto en otras palabras, solo el ejercicio de leer y escribir diariamente permite ejercitar el músculo del cerebro, el pensamiento.

             Lo cardinal, entonces, cuando se está frente a una página en blanco es permitir deslizar  sobre ésta el lápiz o las grafías provenientes; en primera instancia, del pensamiento profundo en su devenir continuo; luego, la opción del teclear para ir agrupando, cavándole un recorrido, una línea temática para que exprese y muestre mundos posibles a un lector. En este sentido, es que se considera la escritura como un proceso de pensamiento superior. Desde esta perspectiva es claro porque implica una serie de actividades cognitivas de alto calibre, donde se vinculan sentimientos que no se pueden desarrollar de un día para otro y, mucho menos, sin haber trabajado en ejercitar con cada uno de esos procesos particulares del pensar. Habilidades de pensamiento que avizoran la producción de lo escrito puesto en escena, construido con lenguaje para otros o, simplemente,  como una manera de catarsis de lo individual.

Referencias

Dewey, J. (1989). Cómo Pensamos. Nueva exposición de la relación entre pensamiento y proceso educativo. Barcelona: Paidós.

Vásquez, F. (2008). Escritores en su tinta. Consejos y técnicas de escritores expertos. Bogotá D., C.: Kimpres.

Vásquez, F. (2008). La Enseña Literaria: crítica y didáctica de la literatura. Bogotá D., C.: Mancha de Voces.

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